En octubre y noviembre entramos en nuestro bimestre fuerte de la Máxima Social. Sin embargo, este camino no comienza ahora: lo venimos construyendo a lo largo de todo el año, generando oportunidades para aprender a mirar a quienes nos rodean, reconocer sus necesidades, valorar lo que cada uno aporta y comprender que nuestras acciones también tienen impacto en los demás.

Estos meses nos invitan a profundizar ese recorrido y llevarlo a acciones concretas, recuperando lo aprendido y poniendo nuestras capacidades al servicio de los otros y del bien común.

Porque valorar no es solamente decir “gracias”. Es detenernos, reconocer el esfuerzo de otro, poner en palabras aquello que muchas veces pasa desapercibido y entender que nuestras acciones también pueden hacer una diferencia en la vida de los demás.

A lo largo del año compartimos distintas propuestas que nos invitaron a poner esta máxima en acción:

  • Viernes con V de Valoración, para comenzar la jornada reconociendo acciones destacables de personas de nuestra comunidad.
  • Valoramos el proceso, una jornada de cierre del primer semestre para mirar lo vivido, reconocer aprendizajes, esfuerzos, desafíos y a las personas que hicieron que ese recorrido valiera la pena.
  • Reconocimiento y valoración entre pares, porque también aprendemos a mirar y reconocer aquello que nuestros compañeros hacen, aportan y construyen.
  • Valoramos a quienes forman parte de nuestra comunidad: estudiantes, docentes y demás integrantes del personal, familias y también exalumnos, recuperando historias, gestos y aportes que siguen dejando huella en nuestro Colegio.

En estos dos meses queremos poner especialmente la mirada en algo que se construye todos los días: hacer de la valoración una práctica cotidiana. Reconocer al otro, agradecer, destacar un gesto, ofrecer ayuda, cuidar la manera en que hablamos y valorar lo que cada uno aporta son pequeñas acciones que, cuando se vuelven parte de nuestra vida diaria, fortalecen nuestros vínculos y nuestra comunidad.