En vísperas de los festejos por el Día de la Primavera, la Sociedad Argentina de Pediatría emitió un comunicado con consejos para padres. En Argentina, 7 de cada 10 chicos de secundario consumieron alguna vez.

El consumo de alcohol en niños y adolescentes está en aumento.

El viernes, si el tiempo acompaña, plazas y parques de todo el país se poblarán de adolescentes para celebrar el día del estudiante y la llegada de la primavera. Pero desde hace años se observa una tendencia que preocupa: el clásico picnic, pero con alcohol incluido. Por eso, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un comunicado en el que recuerda por qué no se debe consumir alcohol hasta los 18 años y consejos para padres orientados a promover un crecimiento en el que la bebida no sea un problema y con pautas sobre cómo actuar en caso de una borrachera.

El consumo de alcohol en niños y adolescentes está en aumento. De acuerdo a datos de la Sexta Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media realizada en 2016, en el país 7 de cada 10 alumnos de secundario reconocieron haber tomado alguna vez en su vida, mientras que casi 6 de cada 10 mayores de 15 años admitió haberlo hecho en el último mes.

El organismo no está preparado para este consumo precoz. “La enzima que metaboliza el alcohol en el hígado funciona correctamente recién entre los 18 y los 20 años, por lo que las borracheras en los adolescentes son más agudas y más dañinas para sus neuronas”, explicó Graciela Morales, médica pediatra y Secretaria del Grupo de Trabajo de Adicciones de la SAP.

El momento crucial al que se enfrentan los padres llega cuando los chicos arrancan con las salidas nocturnas y se exponen al consumo. Desde la SAP elaboraron cinco consejos orientados a promover un crecimiento saludable, en el que el alcohol no sea un problema.

Inculcarle valores desde niño. Por lo general, los padres se preocupan por el alcohol cuando sus hijos entran en la adolescencia, pero la realidad es que diversas actitudes, como la tolerancia a la frustración, el cuidado de las pertenencias y el aprender a compartir son algunas de las cualidades que contribuyen a una juventud saludable. Estas deben trabajarse desde el nacimiento como parte de una crianza sana, que desembocará en conductas positivas a lo largo de las diversas etapas de la vida.

A qué edad los chicos deben recibir su primer celular

“En el consultorio, a muchos niños no les gusta que los revisen, entonces lloran; esto es totalmente normal. Los padres, en ocasiones, con la mejor intención, les dan el celular para que no se angustien. Yo les digo que no lo hagan: el niño debe poder expresar lo que no le gusta, es natural. Con el tiempo, aprenderá que es necesario y lo tolerará”, destaca al respecto Morales.

Ocupar el rol de adulto responsable. Para que los hijos reconozcan en sus padres un ejemplo a seguir, estos deben ser medidos en sus acciones. Tomando el caso del alcohol, si bien perfectamente pueden beber en moderada cantidad en una reunión social o con la comida, deben transmitir que este es un consumo controlado y espaciado. Esto se reproduce en otros ámbitos en los que el adulto funciona como un ejemplo.

Proponer una relación asimétrica. Los padres no deben intentar ser “amigos” de sus hijos, sino que son quienes deben marcar límites y poner un freno ante actitudes contraproducentes de los adolescentes. Muchos manifiestan que prefieren que sus hijos beban en su casa para que estén contenidos e inclusive les compran el alcohol.

“Si los progenitores están de acuerdo con el consumo, se subvierten los roles y el chico se confunde. Es probable que, a pesar de la negativa, el adolescente consuma igual, pero lo hará sabiendo que está desobedeciendo a sus padres”, comenta la licenciada Adriana Narváez, psicóloga y miembro del Grupo de Trabajo en Adicciones de la SAP.

Generar un vínculo en el que haya diálogo. En relación con el punto anterior, el padre no debe ser ni muy autoritario ni permitir cualquier conducta. Se debe buscar lograr una relación en la que el chico le pueda transmitir sus sentimientos, miedos e inseguridades y en la que los papás le puedan hacer entender que se preocupan por su salud y su bienestar.

Fomentar su seguridad y madurez. Es importante aceptarlos como son, valorar sus avances y darles responsabilidades para que puedan tomar su propio camino y desarrollarse.

“Los grandes temas a los que los padres les deben prestar atención son los consumos abusivos, la violencia y las relaciones sexuales de riesgo. Todos estos pueden ser abordados a partir del diálogo y con una crianza presente y sana por parte de los cuidadores”, sostiene Morales, quien es especialista en adolescencia.

La experimentación es característica de la adolescencia, por lo que éste no es el principal obstáculo, sino que debe ponerse el foco en la normalización del consumo. “Hoy, la cultura los impele al exceso, y los fines de semana muchos toman hasta el coma alcohólico, con los riesgos de salud que esto implica. Además, pueden ser víctimas de accidentes de tránsito”, subraya Narváez.

Qué hacer ante una borrachera aguda

En el caso de una emergencia, en la que un adolescente bebió demasiado y se descompuso, desde la SAP recomiendan llevar adelante los siguientes pasos:

Hablarle. Así, se evita que se quede dormido. Es importante que mantenga el foco de atención.

Ubicarlo de costado. De esta manera, si el chico vomita, no corre riesgo de ahogarse.

Abrigarlo. Una de las complicaciones más graves es la hipotermia, por lo que es importante mantener su temperatura corporal.

No bañarlo. En ocasiones, para despabilarlo, los amigos creen que es una buena idea que se duche. Sin embargo, esto no es recomendable porque también predispone a la hipotermia.

Llamar a la familia. Si bien se suele pensar que hay que evitar contarles a los padres por miedo a que se enojen, cuando el chico corre peligro, los papás deben enterarse y, lejos de enfadarse, suelen mostrarse preocupados por la salud de su hijo.

Consulta médica. Si el joven no mejora con las primeras medidas, solicitar asistencia médica inmediata, incluso trasladando al paciente a la guardia médica más cercana.

La marihuana, otro motivo de preocupación para la SAP.

Banalización de la marihuana

Desde la SAP, también destacaron el aumento en el consumo de marihuana. Los especialistas ven con preocupación que el cannabis no cuente con condena social: fumar un “porro”’ se banaliza y es visto como divertido, dejando de lado las consecuencias graves que puede traer a la salud de los adolescentes. “Suele ocurrir algo similar al alcohol: muchos padres que han experimentado con marihuana en la adolescencia prefieren que sus hijos fumen en su casa e inclusive con ellos, evitando así que consuman en algún lugar peligroso o desconocido”, apunta Narváez.

Según un trabajo del año pasado de Sedronar, la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo entre los jóvenes escolarizados. El trabajo mostró que casi 1 de cada 10 (8,6%) niños de entre 12 y 17 años consumió marihuana alguna vez en la vida, y el 2,7% lo hizo durante el último mes.

 

Fuente: Clarin.com